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En los intestinos, que son guardianes de mis suspiros
En pulmones donde acaesen mis versos de mendigo
En el mirar, simple mirar
Palpar un poro sudoroso
Lamer la angustia ajena, qué alegría, que jolgorio
Las antípodas ya cercanas de la indiferencia
Ya casi ni de el poder se alimentan
Entonces se asemejan al fin
Y se desvanecen, se esfuman
Se contradice y se solapa
En luces proyectadas desde infinitudes de mezclas
Coloreadas al crayón
En manchones que pronto se han de olvidar
En olores que todos vamos poco a poco a odiar
Sin saber sin más a qué hacemos frente común