Aunque el mundo entero me prohíba amarte
Ya no hay forma de sacarte de mi vida
Pues tu amor a mí llegó para quedarse
Porque así lo decidió mi corazón
Yo te llevo en mi silencio aquí, conmigo
Y te cubro con llanto de mi ternura
Eres tú ese manantial de agua pura
Donde bebe mi sediento corazón
Y es allá, de aquel lado de la más alta montaña
Donde vive la razón de mis mañanas
Donde se podrá escuchar un día mi voz
Solo tú es quien puede rescatarme de este infierno
Y llevarme su mirada hasta lo eterno
Al lugar que es nada más para los dos
Sabes, Virgencita, lo que yo siento
Sabes por dónde anda mi pensamiento
Que no hay tormenta ni viento que
Lo arranque de mi oración
Y es allá, de aquel lado de la más alta montaña
Donde vive la razón de mis mañanas
Donde se podrá escuchar un día mi voz
Solo tú es quien puede rescatarme de este infierno
Y llevarme su mirada hasta lo eterno
Al lugar que es nada más para los dos