Elige una pista para reproducir
En la tranquilidad de los huertos de olivos
Estaba el Salvador descansando del ruido
De las ávidas muchedumbres
De la excitación de la ciudad
De los príncipes y sacerdotes que lo querían matar
Temprano regresó a enseñar en el templo
Interrumpido fue por un grupo selecto
Que acusaban y arrastraban
A una pobre y singular mujer
De violar el mandamiento siete de la ley de Moisés
Apedrearla la ley nos indica
Oh, Maestro, ¿qué has de responder?
Una trampa sin una salida
Y una herida mujer a sus pies
Ocultando escuchar la pregunta
En el polvo empezó a escribir
Los secretos culpables de aquellos
Que a otros vilmente querían exhibir
Levantándose y viendo sus ojos
Al Maestro se escuchó decir
Quien esté de vosotros sin culpa y pecado
Que arroje la primera piedra
Y volvió a escribir
Y volvió a escribir
Al ver su iniquidad revelada, se fueron (se fueron)
Dejando a la mujer sola con el Maestro (Maestro)
¿Dónde están los que te acusaban
¿Hubo alguno que te condenó? (ninguno, Señor)
Pues ni yo te condeno, vete y no peques más
Con el corazón enternecido
A los pies de Jesús se arrojó
Expresó su amor agradecido
Sus pecados también confesó
Fue el comienzo de su nueva vida
Una de gran pureza y de paz
Mientras todos le daban desprecio y escarnio
Jesús le dio libertad
Regresó su esperanza perdida
A su alma le dio sanidad
De mujer acusada llegó a ser ferviente
Discípulo de su Maestro
Hasta el final
Hasta el final (hasta el final)
Hasta el final
Hasta el final
Si viviendo estás en pecado
Y murmuran de ti los demás
El Maestro te dice: "Ni yo te condeno
Vete y no peques más"
Hoy comienza de nuevo tu vida
No desperdicies la oportunidad
Retribuye la misericordia que tuvo contigo
A quien hoy perdido y herido está
No arrojes tú jamás la piedra
Llorando al contemplar esa tumba vacía
Oyó una dulce voz que decía: "María"