Recuerdo tus palabras que cortaban más que el viento,
cada silencio tuyo se quedó dentro de mi pecho.
Tus promesas se fueron como hojas en invierno,
y yo caminaba solo buscando un momento.
Me enseñaste a caer, a perderme en la tristeza,
pero también a buscar mi propia fortaleza.
Los días eran grises, tus ojos ya no me miraban,
y en cada rincón de mi mente tus mentiras quedaban.
Me pregunté mil veces dónde se rompió todo,
y en cada lágrima entendí que me había perdido yo.
Y aunque duela recordar lo que no volverá,
mi corazón aprende a latir, a no quebrar.