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En 1920, señores, tengan presente
Fusilaron en Chihuahua a un general muy valiente
Ángeles era valiente, valiente era sin segundo
Casi se podía decir que ya no había otro en el mundo
Era un soldado valiente que llegó hasta general
Lo quería mucho la gente y no lo debe olvidar
Y el general Felipe Ángeles le entró a la revolución
Fue uno de los más brillantes que a Pancho Villa siguió
Valió más que se muriera la mañana que murió
Eso decían dondequiera y eso es lo que digo yo
¡Sí!, la estrella de la gloriosa división del norte se estaba apagando
Déjenme torcer un cigarrito de hoja y yo les contaré
Por qué decía la gente que valió más que mi general Felipe Ángeles
Se muriera el día que se murió
¡Sí!, morirse es duro
Pero para él, vivir hubiera sido más duro
Y eso, pos, la verdad es que no se lo merecía
Era por allá del 1919
Cuando las fuerzas villistas fallaron
Queriendo apoderarse de Ciudad Juárez
Como había sucedido ya en 1911
Y eso fue razón de que don Francisco Villa
Se enemistara muy fuerte con el general Felipe Ángeles
Después de ese desastre de Ciudad Juárez
Vinieron, pues, otros percances
Y los dos amigos se separaron para siempre jamás
Algunos villistas afamados y gente de tropa
Siguieron a mi general Ángeles por la abrupta sierra
Llevaban como guía a un tal Félix Salas
Que conocía el terreno palmo a palmo
Así que, pos, ¿quién iba a desconfiar del endino Salas?
Y sin embargo, entregó a Felipe Ángeles a los carrancistas
El general Felipe Ángeles le entró a la revolución
Fue uno de los más brillantes y perdió por la traición
Valió más que se muriera la mañana que murió
Eso decían dondequiera y aquí se los digo yo
Cuando el tren llegó a Chihuahua
Más de cinco mil personas lo esperaban
Nadie creía que fuera cierta la triste noticia
De que hubiera caído prisionero un general tan inteligente
Se tuvo miedo de que la multitud
Tratará de arrebatarles a los prisioneros
Ya que con el general Ángeles llegaron presos
Antonio Trillo y Eduardo Enciso Arce
Y entonces se formó una doble valla
Con el 82 batallón y el regimiento 23
El tren se detuvo
El prisionero se asomó a la puerta del carro que lo había traído
Ayúdenlo, ayúdenlo a bajar, decían las gentes
Al darse cuenta de que el general se veía muy, muy enfermo
Pero él, haciendo un esfuerzo digno de su gallardía
Y del Colegio Militar de Chapultepec, donde había estudiado
Se alzó gallardamente y saltó la gran distancia
Que separaba el carro del andén
Y se colocó entre sus custodios
Era un soldado valiente del colegio militar
Lloraban muchísimas hermosas mujeres
Todas admiraban la gallardía de aquel que, pudiendo
Haber disfrutado de una vida llena de holgura y satisfacciones
Prefirió la causa de los humildes y peleó por ellos
Al lado del Centauro del Norte, siendo su consejero
La multitud rugió y los carrancistas les apuntaron con las armas
Pa' apaciguar los ánimos
Felipe Ángeles atravesó hasta un coche
Y allí tomó asiento entre dos oficiales enemigos
En medio de los gritos imponentes de la multitud
Fue llevado al cuartel del 21 Regimiento
En ese momento llegó un telegrama
Y hubo esperanzas de salvación para Ángeles
El telegrama decía
"Enterado formación Consejo de Guerra que juzgará a Felipe Ángeles
Cúmplase en todo con la ley
Sin admitir influencias ni en pro, ni en contra del reo
Salúdalo afectuosamente"
Firmaba: "Venustiano Carranza"
Recibió el telegrama Manuel M. Diéguez
Periódicos y revistas publicaron ese telegrama
En el Teatro de los Héroes de la ciudad de Chihuahua
Se celebró el Consejo de Guerra
Con cinco mil pases habían entrado cinco mil gentes
Perfectamente controladas
Mil gentes más se habían metido a la juerza
El teatro, pues, estaba bien repleto
En la calle otra muchedumbre esperaba
Ansiosa de conocer los pasos del Consejo de Guerra
Poco después de las ocho de la mañana
Entraron los que iban a formar el jurado
Se pasó lista
—Gabriel Gavira
—Presente
—Gonzalo A. Escobar
—Presente
—Fernando Peraldi
—Presente
—Miguel Acosta
—Presente
—Gabino M. García
—Presente
—Ministro Público Víctor Esprieto
—Presente
—Asesor Militar Salvador Franco Urías
—Presente
—Juez Instructor Licenciado Leandro Díaz de León
—Presente
—Defensor Licenciado Alfonso Gómez Luna
—Presente
Y también estaban los fotógrafos, los periodistas y los defensores
De los otros reos
La esperanza más grande que se tenía era que no siendo ya militares
Pues no debían ser juzgados por un Consejo de Guerra
Y a pesar de eso, fueron juzgados
La defensa habló y fue ovacionado el Licenciado Alfonso Gómez Luna
Los aplausos fueron acallados con amenaza de mandar vaciar el teatro
También habló el propio General Ángeles
Y sus palabras fueron certeras
Llenas de amor por los humildes
Por la patria y por las esperanzas de la Revolución
El consejo siguió hasta las cuatro y media de la mañana
Del día 25 de noviembre de 1919
Después se fueron todos a descansar
A las diez se reanudó
Y una hora más tarde comenzaron las deliberaciones
Después se hizo un silencio
La voz del General Escobar
Resonó en el Teatro de los Héroes en la ciudad de Chihuahua
—Para Enciso Arce: veinte años de prisión
Para Antonio Trillo: seis años, ocho meses de prisión
Para Felipe Ángeles: pena de muerte
El poder de don Venustiano Carranza estaba ya consolidado
Las sentencias serían cumplidas inexorablemente
"Cúmplase con la ley
Sin admitir influencias ni en pro, ni en contra del reo"
El general Ángeles se despidió de sus amigos y compañeros
De infortunio, iba sereno
Entró en capilla
Un cuartucho humilde con un catre de tijera
Una vela en un candelero, una silla de tule
Ángeles se durmió un buen rato
Cantaba una golondrina cuando estaba prisionero
Después escribió una carta para su esposa
La señora Clara Krauss de Ángeles
La carta fue publicada por los diarios y decía
"Adorada Clarita
Hace pocos minutos, estando ya casi semi dormido, te escribí una
Carta que, sin firmar, llevó el señor Don Jesús del Pozo. Te escribo
Esta otra que te entregará mi bondadoso defensor, el señor licenciado
Alfonso Gómez Luna, que, juntamente con el señor abogado Alberto
López Hermosa, se empeñó magnánima y desinteresadamente en librarme
De la muerte. Mi cuerpo va a ser recogido por la familia Revilla
Que tuvo para mí asiduas y delicadas atenciones. Desde que me separé
De ti, en diciembre del año pasado, he pensado en ustedes. Siempre
Que mi espíritu se ha reconcentrado en sí mismo, he tenido ternura
Y amor infinitos para toda la humanidad y para todos los seres del
Universo. Desde este instante, mi ternura, mi amor y mi recuerdo
Serán sólo para ti y para nuestros cuatro hijos. Felipe Ángeles."
Esta carta llena de humanos sentimientos no le fue entregada a la
Esposa del general Ángeles, porque ella también murió sin saber
La triste suerte que había corrido su esposo. Y cuando agonizaba
Hizo que le enviaran un telegrama a Felipe Ángeles pidiéndole
Valor y resignación. Tampoco el valiente general recibió ese
Telegrama. Por eso digo, si mi general Ángeles no hubiera muerto el
Día que murió, pues hubiera sido terrible para él saber que sus
Hijos quedaban al garete en la vida, mientras a él lo arrebataba el
Remolino de la revolución y su esposa se perdía en los caminos de la
Muerte. A las seis de la mañana del 26 de noviembre se formó el
Pelotón de fusilamiento. El general
Recibió la descarga sin inmutarse
El general Felipe Ángeles le entró a la revolución
Fue uno de los más brillantes que a Pancho Villa siguió
Valió más que se muriera la mañana que murió
Y eso decían dondequiera y eso es lo que digo yo