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Sucedió que el vino se hizo sangre
La sangre se hizo vino
Del señor de aquel viñedo
El muy noble don Alfredo
Dueño y viticultor
Don Alfredo regentaba
La tierra y la bodega
Junto con su buen colega
Don Ramón
Y una noche con los vinos
Se despistaron los amigos
Y un murciélago muy negro
En una de las barricas se metió
Pasaron meses de agónica
Maceración carbónica
Resultando un vino oscuro
De sabor divino y puro
Que don Alfredo se bebió
Y le salieron dos colmillos
Afilaos como cuchillos
Despertó una sed de sangre
Miraba cuellos con hambre
Y en cuestión de dos chupadas
Don Alfredo se vampirizó
Decidió refugiarse en la bodega
De la luz del sol que quema
Acostarse por el día
Metido en una barrica
Que él mismo se camperizó
La montaba por las noches
Con visitas y turistas
Y las catas de ese vino
Con muchísimos taninos
Que se popularizó
Y les clavaba los colmillos
Entre un tinto y otro tinto
Conseguía sangre de sobra
Ya nadie le hacía la cobra
Don Alfredo era el vampiro
Más feliz que La Rioja nunca vio
Sucedió la visita inesperada
De un Pijales muy ufano
Con aspecto cayetano
Y apariencia de inversor
Hasta allí le había traído
El olor de algunas deudas
Ese aroma de salitre
Dirigía un fondo buitre
Manejaba el muy cabrón
Y don Alfredo al escuchar
Se fue a por la yugular
Intentó hincarle el diente
Pero se la dio de frente
Pues el otro había volao
Usted no sabe con quién habla
En la bolsa de Bruselas
Somos todos sujetavelas
Chupasangres o zumbaos
Y le salieron dos colmillos
Afilaos como cuchillos
A dentelladas y arañazos
Incluido algún guantazo
Los dos se hicieron picadillo
Y luego polvo
Cuando al fin amaneció
Y así termina la historia
Del vampiro que en La Rioja apareció