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Tenía que ser sinaloense
De la familia Salcido
En un carro Gran Marquis
Iba Rigoberto Campos
En otro sus guardaespaldas
Que lo venían escoltando
Cayeron en una trampa
De grandes del contrabando
Con puros cuernos de chivo
Empezaron a tirar
Matando a Rigo al instante
Y a su guardia personal
Hiriendo a gente inocente
Que cruzaba el bulevar
Dicen que ha estado preso
Por ser narcotraficante
Ya los meses que él salió
Lo hallaron lleno de sangre
Le habían cortado los brazos
Por órdenes de un contrincante
Se puso brazos postizos
Pero no se le notaba
Porque de todos calibres
Las armas las disparaba
Pero cuando lo mataron
No tuvo tiempo de nada
Murió Rigoberto Campos
En la ciudad de Tijuana
La mafia lo eliminó
Porque él ya muy alto andaba
Era competencia grande
Con mucho poder contaba
Tenía que ser sinaloense
De la familia Salcido
Fue primo del Cochiloco
Y del difunto Gabino
Las gallinas no crían pollos
Si el gavilán sigue vivo
"Rigoberto Campos" es una poderosa balada del icónico Chalino Sánchez, acompañado por la famosa banda Los Tucanes de Tijuana. Este tema captura la esencia del regional mexicano, combinando letras emotivas con melodías cautivadoras que han resonado con miles de seguidores. La canción se ha convertido en un clásico, celebrando la vida de los personajes que habitan en las historias del pueblo, lo que le ha otorgado un lugar especial en el corazón de los aficionados a la música norteña.
Además de "Rigoberto Campos", Chalino Sánchez es conocido por otros grandes éxitos como "Corrido de Juanito" y "La Culebra". Su influencia ha sido duradera en la música mexicana, convirtiéndose en un símbolo de la cultura de corridos. Los Tucanes de Tijuana, por su parte, han seguido creando éxito tras éxito, consolidándose como una de las agrupaciones más importantes del género.