Aquellas calles tuyas
Alombradas por los bares
Nos envuelven como mares
Dejando que las horas fluyan
Resuenan tus palabras
Con el eco de las catedrales
Junto a los portales
Mientras los perros ladran
El hijo de la luz del sol
El hijo ingobernable de la luz del sol
Del gris de las aceras
De la sangre de la primavera
De la dulce mordedura del alcohol
El río serpentea los barrios
En las orillas de la tarde
Los versos que las estrofas guarden
Serán la cumbre y el calvario
Hermosos finales del día
Saludando a las sombras
Cuando el silencio era una alfombra
Y esta ciudad tu melodía
El hijo de las paradojas
El verdadero hijo de las paradojas
Del tortuoso camino
Del perfume del vino
Y sus melancolías rojas
En el cielo sobre las avenidas
Las estrellas eran fluorescentes mármols
Las noches atacaban por la espalda
Y los días tenían las manos frías
Como un pájaro en su nido
Como un pequeño pájaro en su nido
Bajo estrellas fugaces
Haciendo con el mundo las paces
A cobijo en la costumbre y el olvido
Aquellos momentos vividos
A contracorriente de los tiempos
Dejando huir al viento
Yo sé que aún no te has ido