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La tarde estaba rara y el humo se movía lento
Algo me dijo el viento que ese día sería distinto
El barrio estaba quieto sin ladridos ni motores
Solo el sol cayendo tibio sobre techos sin colores
Él llegó sin prisa con pasos de duda vieja
Y en los ojos traía sombras que no hablan pero pesan
Nos sentamos en la banqueta, asfalto caliente y grieta
Sacó una verde guardada como quien guarda respuestas
La prendimos sin palabras, el humo subió profundo
Y en vez de su risa eterna solo trajo un gesto rotundo
Quieren que cargue un favor que no quiero ni tocar
Si digo que no, me vienen a cobrar
El silencio fue un presagio, la brisa dejó de soplar
Y la calle entera sintió que algo estaba por pasar
El último toque sigue vivo en mi mente
Humo subiendo lento, la calle fría y presente
No sé si fue destino o solo mala suerte
Pero ese día entendí que hay decisiones que te cambian para siempre
Cuando tiramos la colilla se levantó decidido
Se ajustó los cordones como quien se sabe perdido
Camino hacia la esquina, esa esquina que de noche
Se traga voces completas como un secreto sin nombre
Paso frente al puesto cerrado, cruzo el mural descascarado
Giro justo donde el poste siempre parpadea cansado
Ay, su figura tembló y el barrio lo ocultó rápido
Hubo un ruido seco, dicen que alguien gritó pálido
Pero nadie vio, nadie habló, nadie preguntó nada
En barrios como este el silencio siempre gana
El último toque sigue vivo en mi mente
Humo subiendo lento, la calle fría y presente
No sé si fue destino o solo mala suerte
Pero ese día entendí que hay decisiones que te cambian para siempre
Al amanecer había una vela en el mural despintado
Esas que nadie coloca pero aparecen cuando algo ha pasado
El aire olía polvo y verde, a memoria sin resguardo
Y en mis dedos quedó el eco de ese toque compartido
Volví a la banqueta rota algunos días después
Prendí otra verde tranquilo, no pa' olvidar, pa' entender
El humo subió despacio, se movió con calma al cielo
Y por un segundo sentí que él volvía en ese vuelo
A veces un toque simple es el recuerdo más eterno
Porque hay humo que se apaga, pero un momento nunca