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Sencillo / Pista
No te sientes en la silla
No te sientes en la silla
No te sientes en la silla
Porque tiene pegadura
Yo no siento la pegada
Sino la despegadura
La cucaracha, la cucaracha
Ya no puede caminar
Porque no tiene
Porque le falta
Marihuana que fumar
Voy a cantar un corrido
De muerte y desesperanza
De cómo fue perseguido
Don Venustiano Carranza
Noche del 5 de mayo
De 1920
Tuvo una junta en Palacio
Con lo mejor de su gente
Pero el destino tenía
Trazados ya sus senderos
Don Venustiano debía
Morir de tiros arteros
Pero el destino tenía
Trazados ya sus senderos
Don Venustiano debía
Morir de tiros arteros
Uy, hace una bola de años
Todavía existían los tranvías de mulitas
Y el Palacio Nacional nomás tenía dos pisos
Ya ha llovido mucho desde entonces
Y no obstante parece que lo estoy viendo
Con estos ojos que se han de comer la tierra
Don Venustiano, el constitucionalista
Estuvo en Palacio con sus aditos generales
Francisco Murguía, Francisco L. Urquizu
Federico Montes y el gallardo y valeroso Juan Barragán
Ah, también estuvo allí el entonces secretario de Hacienda
Este licenciado don Luis Cabrera
Tenían que abandonar la capital
Porque ya las cosas se habían puesto color de hormiga
Don Venustiano dijo que se le hacía
Que necesitaba trasladar los poderes de la nación a Veracruz
Ay, no es la barca ni la paluba
La que navega en el ancho mar
Es el horrible San Juan de Ulúa
Donde mis penas voy a llorar
Una mañana con sentimiento
Un pajarillo me fue a cantar
Era mi madre en figura de ángel
Que a su hijo amado iba a consolar
Ese Veracruz querido
Que en 1914 le había servido de base a su gobierno
Desde el mero Castillo de San Juan de Ulúa
Allí donde se aventaban sus soletas
Los presos del porfirismo
Todos aprobaron salir pa' Veracruz
Menos Juan Barragán
Ese general quería concienzudamente jalar pa' San Luis Potosí
Dando la vuelta por Tampico y ansina recoger gente amiga
Y después irse por mar al ansiado puerto
Pero 'onde manda capitán
No gobierna marinero
La palabra de don Venustiano fue la que sobrepesó
Por lo tanto se determinó salir directamente a Veracruz
Sin andar con ningún rodeo
Y diciendo y haciendo, un mundo de gente
Comenzó a trasladarse a la estación con sus menesteres
También se llevó pa' embarcarlo el tesoro nacional
Barras de oro, dólares, pesos
Aztecas, centenarios, hidalgos
Todo se necesitaba pa' seguir funcionando
Allí el gobierno y sus pormenores
Era una ciudad entera
Que por la estación salía
Tronaba la balacera
Por allá en la lejanía
Fueron seis trenes cargados
Sumaban veinte furgones
De paisanos y soldados
Y hasta chavitos hurrones
Pero el destino tenía
Trazados ya sus senderos
Don Venustiano debía
Morir de tiros arteros
Pero el destino tenía
Trazados ya sus senderos
Don Venustiano debía
Morir de tiros arteros
Don Venustiano debía morir de tiros arteros
A don Venustiano Carranza detrás de sus anteojos nomás le relampagueó
Una lágrima al ver que muchos se decían sus leales y ni la cara
Asomaron pa' despedirlo por miedo de comprometerse. Ansín es la
Canija vida, tomen leición los que estén ahora en el candelero
Cuando andas arriba, que viva, y cuando andas abajo, al carajo
El 7 de mayo a las 12 del día arrancaron los trenes. Caminaban
Lentamente traqueteando y con rechimiros quejumbrosos. Abría punta
El tren explorador con los hombres más temerarios, individuos que
No les importaba volar hechos pedazos o morir quemados por los
Chorros de vapor de la máquina o hacerse polvo si bajo las ruedas
Estallaba alguna carga de dinamita, bragados que no les sacaban
Estrellarse con alguna máquina loca repleta de explosivos, abnegados
Hombres que sabían que cuidaban al jefe que traiba ya en la mente
La constitución. Después del tren explorador iba el tren del tesoro
Lo custodiaban mil infantes que erizaban los carros de carabinas y
Ametralladoras. Este tren lo mandaba el general Rafael de la Torre
El licenciado Luis Cabrera iba con el ojo muy abierto sobrevigilando
El tren. Luis Cabrera, aquel que dijo que la revolución como Cronos
Se comió a sus hijos. Pues yo, yo la verdad es que no supe ni quién
Fue ese famoso general Cronos, pero pues yo creo que sí se los debe
Haber comido. Detrás del tren del tesoro iba el tren presidencial
Después el tren de aviación, bastimento, familias, automóviles
Pasturas, etcétera, etcétera. La
Gente reía y cantaba sin temor alguno
Voy al puerto de luz donde me espera el amor y la mar
Arrulla, adora ese puerto gentil que reverbera
Como un volcán azul en la noche tropical
Encima de los furgones torteaban la soldadera
Unos cantaban canciones con sus guitarras troveras
Ya se oyen los silbatazos que da la locomotora
Nadie piensa en los balazos, duerme la ametralladora
Pero el destino tenía trazados ya sus senderos
Don Venustiano debía morir de tiros arteros
Al llegar a la villita cerca del Tepeyac apareció la caballería del
General Guajardo. Brillaron los sables y tronó la balacera. Ah
Jijos del siete de espadas, que duro se escupió la matazón. Los
Soldados nomás se daban el estirón y caiban como costales de maíz
Sobre el terraplén, echando mentadas de madre al ver que los trenes
Los dejaban malheridos. La caballada pisoteaba los caidos y muchos
Jinetes iban de hocico con todo y sus pencos y a veces eran
Arrastrados rebotando sus cabezas contra las piedras. En los trenes
Las damas se tiraban pechos a tierra con sus criaturas mientras las
Balas pasaban como avispas de un lado pa'l otro, haciendo quebrason
De vidrios de las ventanillas o rebotando en las paderes de los
Carros caja. Allí cayeron malheridos y prisioneros Agapito Barranco
Y Alberto Salinas. Los trenes que se salvaron siguieron adelante
Repartiendo balas, echando nubarrones negros por las chimeneas de las
Locomotoras. Llegaron a Apizaco. Pilar R. Sánchez subió al tren
Presidencial a informar que de todos sus dragones que se habían
Adelantado con las fuerzas de caballería nomás le quedaban
Trescientos, los demás pos se le habían desbalagado, y como
Si juera poco, en Veracruz se había volteado Guadalupe Sánchez
En quien el señor Carranza tenía muchísima fe por ser el
Subordinado de su yerno don Cándido Aguilar. Y pa' que lloviera
Sobre mojado se supo que en Rinconada estaban parapetadas otras
Fuerzas infidentes. La rebelión seguía empollando traidores
Creían que era árbol caído y ya querían pisotearlo
Muchos que había protegido pagaban con traicionarlo
A la lumbre se acercaron
Y aunque hubo muchos carbones
Las cenizas se volaron
Y quedaron los tizones
Pero el destino tenía
Trazada ya su senda
La expedición llegó a Aljibes
Ya faltaba poco pa' Veracruz
¡Ay, reata, no te revientes
Que es el último jalón!, decían los leales
En Aljibes tuvieron que echarle agua a mano a las locomotoras
¡Ah, quijos, cómo es feo esperar la muerte en frío!
¡Olfatear la emboscada!
De vez en cuando en los postes del telégrafo
Los horcados se columpiaban como badajos
En la campana azul del cielo veracruzano
Murguía ya iba como jefe de los convoyes
Se veía preocupado
Porque leía en los ojos de todos
La sospecha de un pronunciamiento
Y él tan derecho y tan hombre
A todos les hubiera comprado el pensamiento
Pa' hacer bramar entre sus manos a los traidores
Descansaba su alma cuando se encontraba con los ojos
De Agustín Millán, de Lucio Blanco, de Jesús Dávila Sánchez
De Heliodoro T. Pérez, de Federico Montes, de Francisco L. Urquizo
De Marciano González o de Francisco de P. Mariel, de Luis Horcasitas
Todos ellos como pa' ser cantados en corridos puebleros
El día trece se toparon con Guadalupe Sánchez
Que los atacó furiosamente por la vanguardia
Y por el lado izquierdo de los trenes
Como Murguía iba en esos momentos en la retaguardia
Ocupó su lugar el pundonoroso general Agustín Millán
Las fuerzas enemigas lograron ocupar unas alturas
Pese a que Millán se batía como león rabioso
Bañado en sudor y echando espumarajos de muína
Llegó a caballo el general Murguía
Le dijo unas malas razones a Millán
Como reclamándole que hubiera dejado al enemigo
Treparse en aquellas alturas
Millán se sonrojó muy ofendido
Resolló fuerte, se cuadró, dio algunas órdenes
Y al frente de un destacamento de suicidas
Se lanzó de nuevo contra el enemigo
Su caballo prieto nomás corría como agüita
De un lado pa'l otro
Los adversarios sintieron el arrampujón
Se tupió más el juego
Millán ocupó, por fin, una colina
Iba ya nomás con unos cuantos
De pronto, abrió los brazos
Voló su fino sombrero blanco
Y el hombre cayó mirando al cielo
Sonriéndole a la muerte
Ya estaba lavado su honor militar
Y su sangre al rechuparse en la tierra
Regaba la grandeza de México
Murguía retaguardió a las fuerzas de Guadalupe Sánchez
Los hizo correr y les quitó su artillería
Los de Carranza tomaron un breve reposo
Pero no se podían dormir en sus laureles
Se decidieron, pues, a ir cruzando la sierra
Y se formó la columna
Poco habían andado cuando nuevos contingentes
De Guadalupe Sánchez vinieron a tomar desquite
Y de México llegó una poderosa columna de diez mil hombres
Y entre todos hicieron polvo a los carrancistas
En la Ciudad de México circuló, pos un alcanceo extra
Guadalupe Sánchez tomó posesión
De los trenes carrancistas
Llevaban muchos automóviles
Cuatro cañones de grueso calibre
Dos de montaña, muchas ametralladoras
Municiones y rifles, un aeroplano y otras cosas
Acentable extra
Siguieron rumbo a la población de Patla
Iban temerosos y perseguidos
En aquella población esperaban encontrar amigos
Pero ¿con que si ya había caído en poder del enemigo?
Con la inquietud de una sorpresa entraron al pueblo
¡Todavía era leal!
Tomaron un breve reposo y salieron pa' Unión
Caiba la tarde
En la dura subida se detuvo la comitiva
Porque se oía perdido el galopar de un caballo
Un hombre se acercaba
Las armas apuntaron al recién llegado
Venía en son de paz
Su nombre: Rodolfo Herrero
Se ganó luego luego la confianza de todos
Le juró al señor Carranza que su suerte de él
Sería la suya propia
Y los acompañó ayudando en todo
Como si fuera un humilde asistente
Y no un militar de alto grado
Si hubieran tocado sus manos
Las hubieran sentido frías y húmedas
Si hubieran oído su corazón
Lo hubieran sentido asustado
Algo tramaba
Eso sí, su labia no paraba
Ustedes vienen cansados
Déjenme a mí los menesteres
Quiero ayudarlos
Y los guió después con toda clase de atenciones
Hasta Tlaxcalaltongo
Al entrar al lugar, en uno de los jacales
Había un letrero pintado con carbón
Decía: Muera CarranzaHerrero les llamó la atención hacia
Otro lado pa' que no vieran el letrero, y con muncha solicitú
Los llevó hasta unos jacalitos que parecían preparados para
Una emboscada. Y nadie se dio cuenta. El Judas del
Constitucionalismo cumplía su amargo destino. Nomás había que oírlo
Aquí está su cafecito, unas memelitas, este guisado de por
Acá... ¡Andenle, hombres, cenen bien pa' que descansen a
Sus anchas! ¡Tenemos que salir muy temprano, acuérdense!
Junto con el señor Carranza fueron acomodados el capitán
Suárez y el licenciado Aguirre Berlanga. Cuando no lo veían
Herrero miraba con ojos encapotados al presidente fugitivo
Parecía que quería decirle algo y no se atrevía. Por
Fin llenó su cara de pena y se acercó al señor Carranza
Señor, fíjese nomás: acaban de herir a mi hermanito. Me lo vinieron
A avisar orita. Si usté me da licencia, pos yo voy a velo...
El señor Carranza ordenó que le dieran vendas, yodo y ayuda
En dinero a Rodolfo Herrero. Y el ingrato se fue. Ya sabía
Dónde iba a dormir don Venustiano. Herrero se perdió en
La noche de lodo. Tlaxcalaltongo quedó en las tinieblas
Se soltó un aguacerazo de esos de tierra caliente, que parece que se
Repite el diluvio. Y aunque en los cielos chicoteaban los relámpagos
Y los truenos rebotaban en las nubes, la gente, bien cansada, se
Durmió. El señor presidente no podía pegar los ojos. Por fin llegó
Un parte del general Mariel. Lo leyó el señor Carranza y luego cerró
Sus ojos en el reposo. ¡Cómo fue, pues, macizo el aguacero pos en
La horita que pasó! Las estrellas quedaron con la cara brillante y
Las luciérnagas alumbraban la noche llenándola de luceros voladores
Redepente unas sombras caminaron pisando la yerba y chacualeando
En el fango. Llegaron hasta el jacal. Don Venustiano dormía
Rendido. Se acercaron a las paderes. Relumbraron los metales
De las armas. Carabinas y pistolas buscaban con sus bocas de
Muerte la vida de un hombre. Los cañones de las 44, de las 38
Y de las 30-30 se metieron como alimañas entre las junturas de
Las paderes de tablas mal labradas. Se oyeron los ladridos de
Las fuscas. Los fogonazos alumbraron las caras de los asesinos
¿Qué pasa?, dijo Aguirre Berlanga
No... no puedo... moverme, murmuró con
Muncho trabajo el presidente fugitivo
Se quemó muncho parque. Pasó un rato de eternidad
Las sombras se alejaron. El capitán Suárez habló
¿Cómo se encuentra, señor Carranza?
Don Venustiano Carranza ya no contestó. Se
Ahogaba en su propia sangre. Alguien dijo
Su cuerpo ha sido matado, pero no su pensamiento