No hay distancia social donde empieza la vida
No hay seguros de amor, el amor nunca firma
Dura poco mi llanto y siempre riega una tierra.
Nacen cientos de flores sobre esa flor muerta.
Yo también tengo miedo del paso del tiempo
Reflejado en el agua veo al niño y al viejo.
Ya lo saben los monjes que renuncian a todo.
Necesito un encierro que libere mis modos.
Como ceden los sabios a la voz del silencio
Tampoco temen las aves el paso del tiempo
Vi nacer a mi hijo, vi morir a mi abuelo
Entre medias viajé persiguiendo mi sueño
La fortuna se aprende. La libertad es para darla
Poca gente ha tenido lo que yo de ambas.
Y el rio nos lleva contínuo y fluyendo.
Te miro a los ojos y soltamos los remos.
Rendimos el rumbo, el agua es quien manda.
La alfombra en cristal sobre el líquido viejo.
El cauce de vida conduce al relevo,
el fin y el inicio del círculo eterno.