Desperté de una pesadilla,
dibujé una sonrisa en tu cara y me fui.
Si me viste un día de rodillas
fue buscando las huellas que iban hasta ti.
Deja que hoy hable de ti,
el viejo impostor con el alma de crío
nacido del vientre del cielo
al que llaman Madrid.
Deja que hoy hable de ti.
El tío que no quería críos
pero es el mejor colega
de los que yo le dí.
Que siempre está ahí,
con una cerveza o un vino
y una gran teoría
que tira por tierra cualquier decisión.
El fuego de los que forjaron a fuego,
el lápiz de los que aprendieron
a escribir su nombre debajo del tuyo
cuando eran pequeños.
Pero hoy escribimos sin tinta,
lo hacemos soñando despiertos.
Deja que hablemos de ti,
deja que hoy hable de ti.
Desperté de una pesadilla,
dibujé una sonrisa en tu cara y me fui.
Si me viste un día de rodillas
fue buscando las huellas que iban hasta ti.
Desperté de una pesadilla,
dibujé una sonrisa en tu cara y me fui.
Si me viste un día de rodillas
fue buscando las huellas que iban hasta ti.
Ha pasado el tiempo
desde aquella tarde el parque
cogiendo el asiento de mi bicicleta,
cuando le enseñaste a aquel niño
que la traición solo está en los ojos
de quienes la miran porque quieren verla.
Hoy falta más gente que nunca
pero están aquí, hablando de ti:
el que siente orgullo y se ve
pero no se dice porque se apellida Jaén.
El chófer y eterno guardián de mi madre,
que vive del arte, siempre tiene hambre,
que hoy decidió que invertir
la ausencia en un día podía ser la clave
para compartir otros diez, cien, mil.
Feliz día del padre.