No dejaron huellas en la luna, nadie vio sus manchas en el Sol,
pero Piero las escucha en el ruido blanco de su ordenador.
Los conspiranoicos fueron eco de todo lo que Piero publicó,
y para aquel tebeo la ciencia no encontró una explicación.
¡Ay Piero!
Te evitan los ateos, Te adoran los testigos, Te buscan enemigos del amor.
¡Ay Piero!
Le diste tú las llaves de las nuevas verdades. ¡Por fin un catecismo!
¡Por fin un evangelio digital! ¡Ay Piero!
Tú, que solo crees en lo que pagas: “Oro incienso y fibra, por favor”
y en los “ceros” y en los “unos”, la génesis moderna, lo de hoy.
El movimiento crece. La ciencia desmerece. No solo de gigas vive Dios.
¡Ay Piero!
Te buscan filisteos, cuánticos sionistas, y los negacionistas...
La banda ancha del ciberdolor...
¡Ay Piero!
Las pìedras digitales, éxtasis, cristales. Cristo de las redes para los navegantes,
para los pecadores como yo.
¡Ay Piero!
Los panes y los peces. Todo lo que mereces.
Los púlpitos de Twitter (que nadie nos los quite), son palabra del señor.
¡Ay Piero!
La fé de los milenials con el síndrome de Stendhal.
La puerta al paraiso, lo que Steve Jobs siempre quiso: Redención.
¡Ay Piero!
Quien te traicionara por diez cripto-monedas
Judas y los haters. Satán con dos skaters...¡Qué sé yo!