
Todo lo que dura se marchita
o muda la piel como serpiente,
esta maldición es infinita
mientras le sigamos la corriente.
Se esconde el deseo en indirectas
y es como si lo hubiéramos robado.
Nos persiguen todas las tormentas
pero aquí estamos, pero aquí estamos.
Y no será
que otros no lo han intentado,
que no hay rencores,
que las pasiones no hacen esclavos.
Eso de poner la otra mejilla
no funciona lejos de los focos.
Las explicaciones más sencillas
esconden corazones barrocos.
Hay que lamentar algún exceso
dulce como amor adolescente.
Nadie sale de esta guerra ileso
ni es inocente, ni es inocente.
Y no será
que otros no lo han intentado,
que no hay rencores,
que las pasiones no hacen esclavos.
Y no será
que otras luces no han brillado,
que no nos ciegan
cuando miramos al otro lado.